el invierno impuesto en las entrañas escarcha mi reseca piel
un grito devorado lacera al cavar desesperadamente una salida
los recuerdos calzados con clavos en la suela bailan desnudos
en la morada de la locura donde ocurre mi existir
tu sugestión fantasmal deambula en las tumbas abiertas por la añoranza
y el niño despojado de su inocencia camina sin ojos, sin conocerse jamas
el andar vertiginoso arropa las pocas sonrisas con una manta de realidad dolorosa
los tragos son amargos y el payaso vive de risas con un disfraz sangrante